Hacia 1710 en la ciudad inglesa de Windsor un artesano decidió fabricar una silla que con el paso del tiempo llegaría a hacerse popular en todo el mundo. Dicen que el rey Jorge II, tras una larga jornada de caza y buscando protegerse de un fuerte aguacero en una casa de campo, al verla se enamoro de ella y decidió incorporarla a su mobiliario particular. De ahí pasó, como suele suceder en tantas ocasiones, y debido a su gran comodidad, a ser la silla más utilizada en tabernas, pubs, residencias urbanas y rurales, etc.
Hemos tenido la suerte de encontrar esta pieza que es muy probable que fuera elaborada en Estados Unidos donde los colonos procedentes de Inglaterra las introdujeron a mediados del siglo XVIII. Allí se hicieron muy populares al facilitar y realzar las estancias donde fueron colocadas.
Su reducido tamaño la hace ideal para ser utilizada en cualquier circunstancia, desde poder sentar a un niño o niña hasta usarla como auxiliar si el momento lo requiere.
En muy buen estado de conservación aportará un toque especial a tu hogar.



