Si algo caracteriza a Cambalache es ese finísimo y delicado gusto que tiene a la hora de elegir sus piezas de colección. Visitar su local es una auténtica fiesta para los sentidos. Presentadas con un elegante criterio, nunca desmerece la decisión de transitar por ese acogedor espacio en el que poder encontrar auténticas maravillas. No ha sido para menos en esta ocasión. Dos preciosas copas de cognac de cristal, alsacianas, talladas con precisión milimétrica. De nítida transparencia, gran concisión en su elaboración, elegancia en sus formas y armonioso sonido. Deleitarse en el ritual de degustar un buen Armagnac en ellas debe ser una auténtica “locura”. Hacerlas descansar en nuestra mano, entre el anular y el corazón. Que dance en su interior tan delicado aguardiente. Alzarlas y contemplar a través de ellas, a contraluz, su hermoso, a la vez que suave, color tostado. Aproximarlas, con deliberada lentitud, a nuestro sentido olfativo. Y concluir el ritual. Un breve, pero intenso sorbo que nos transporte al Bas o al Haut-Armagnac, a la Nouvelle-Aquitaine.
¡Ah! recordad, recrearse, que no abusar, de uno de los legados más antiguos de la gastronomía francesa.
À votre santé.



