Aristóletes definía el alma como ese principio vital, esencia interna que habita en cada uno de nosotros. Gracias a ésta, todos tenemos una identidad propia e inexplicable. Y en esta ocasión, como somos unos bohemios, no hemos podido escapar de la parte sensible de la misma. La racional no la hemos tenido en cuenta, pues de haberlo hecho habríamos terminado siendo víctimas de la irascibilidad que nace del arrepentimiento.
Y cuando ya era nuestra, nos deleitamos. Nos rendimos ante su carácter atemporal. Pudo con nosotros. Es así. La compramos porque nos apasionó. Pasión atemporal claro.
Otra vez los años 20 del siglo pasado. A ese período pertenece. En la agradable conversación que sostuvimos con el colega que nos la proporcionó, pudimos apreciar en él esa parte de resistencia a dejarla marchar. Pero su destino estaba ya escrito. Se vino con nosotros. Nos eligió. No nos cuesta mucho “dejarnos querer”.
Antigua mesa de trabajo de joyero, francesa, reconvertida de forma magistral en consola, encierra en sí todo aquello que pedimos a una pieza; originalidad, calidad, clase, estilo, rareza, valor. Que se adapte a cualquier estilo de vida. Elemento único que pueda personalizar cualquier ambiente. Sólo hace falta un poco de sensibilidad y tacto para alcanzar la felicidad.










