Pintor que retrata como pocos el paisaje de la escritura, nuestro apreciado Mauricio Wiesenthal sustenta que “los barrios aristocráticos de Mayfair y Saint James’s ofrecen la ventaja, además, de que uno no se ve obligado a hablar mucho. Basta con saber pronunciar algunas palabras como “sublime, precios, too sweet, divine, intense and terrible nice”. Sensaciones que podríamos atribuir a un símbolo que hace más de doscientos años que nos acompaña. Diseño inmortal, imperecedero, perdurable, perpetuo, eterno. El sofá Chester. Nació y su trazo no ha envejecido ni un solo día. Cualquier diseñador o decorador que se precie ha de ser capaz de adaptar la forma, el característico tapizado capitoné de este icono británico, a cualquier espacio de nuestro presente. Ilusión por recuperarlo y devolverlo a una “nueva vida”. Un fabuloso superviviente de dos plazas, elaborado en una elegante piel color marrón, destinado a seguir aportando personalidad al espacio donde sus nuevos propietarios decidan colocarlo. Mejorará su estado de ánimo. Proporcionará paz, tranquilidad y comodidad. Sin más. Rendirse en él a una agradable siesta, frente a un fuego cautivador, tapaditos que en estos días ya comienzan a “amenazar” temperaturas no tan confortables. Envueltos en una acogedora manta de lana galesa. Reconfortar con lentitud nuestra soportable levedad, gracias a esa taza de “caldito” que redime de todas las “culpas”. Y después, perdernos entre las páginas de una buena lectura.
“Que vagi de gust.”
El “compañero” ya tiene quien lo quiera. ¡¡¡A disfrutarlo!!!









